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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 
Comentarios de la Lección 

I Trimestre de 2008 

El discipulado 

Lección 1 1 

15 de Marzo de 2008 

Más lecciones en el discipulado 

Prof. Sikberto Renaldo Marks 

Versículo para Memorizar: "Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened 
ánimo; yo soy, no temáis!" (Mateo 1 4:27. 

Introducción 

Durante esta semana estudiamos algo relacionado con el temor. El temor es uno de 
nuestros puntos débiles. Eso es aprovechado por el enemigo, Satanás. El miedo fue, 
es, y será algo que los políticos aprovechan, por ejemplo, para definir elecciones. En 
los Estados Unidos, el presidente Bush fue reelegido aprovechando el miedo al terro- 
rismo de los norteamericanos. En el Vaticano, Benedicto XVI fue elegido aprove- 
chando el miedo de que la "barca de Pedro" estuviera sucumbiendo y que únicamen- 
te él, Ratzinger, después Benedicto XVI, podría salvar a la iglesia. Muchos países lo- 
gran elegir políticos utilizando el temor del pueblo. Y mi país, Brasil, es uno de ellos. 

El temor también sirve para fines comerciales. Se venden alarmas antirrobo, ya sea 
para vehículos o residencias, equipos de seguridad, planes médicos pre-pagos, pla- 
nes de jubilación, equipamiento de seguridad en los automóviles, y muchas otras co- 
sas basadas en el miedo de las personas. El temor forma parte de la humanidad 
desde que Adán y Eva pecaron, y va en aumento. Es origen de enfermedades y es- 
tados psicológicos alterados. Por ello, es cada vez más aprovechado por pastores de 
iglesias que así aglutinan a millones de personas crédulas que no investigan los fun- 
damentos de la fe en Jesús. 

Existe el miedo a la oscuridad, a los ladrones, los secuestros, los asaltos, las mani- 
festaciones misteriosas, a la pérdida del empleo, de quedar imposibilitado, de ser 
atacado por alguna enfermedad incurable, de perder a los hijos, una infinidad de co- 
sas. La lista ciertamente no tiene fin. ¡Tenemos miedo hasta del miedo mismo! 

Mas los verdaderos cristianos, que tengan fe, no deberían tener temor. Cuánto más 
fe, menos miedo. Sin embargo, ¡los discípulos tuvieron temor! 

Para vencer el temor necesitamos crecer en la fe. Para crecer en la fe necesitamos 
más conocimiento sobre nuestro Salvador, y de aquello que Él enseñó. Eso requiere 
una experiencia con Él. Fue a través de esa experiencia que los discípulos perdieron 



el miedo a la muerte, al Imperio Romano, a los judíos, a los extranjeros, a lo incierto, 
a todo. Aprendieron que estar con Jesús aporta seguridad. 

Lecciones en el mar 

Imagina que eres uno de los discípulos de aquellos tiempos. Luego de un arduo día 
de trabajo, especialmente por parte de Jesús, entran en la barca para una travesía 
por el Mar de Galilea. Este lago tiene una extensión de más de 1 kilómetros. Jesús 
entra en la barca y, como humano que era y cansado como estaba, se acomoda en 
un rincón y pronto entra en un profundo sueño. Después de alejarse de la costa, se 
desata un temporal de viento, que levanta pavorosas olas. El barco se agita de un 
lado hacia otro, y entre en él agua a causa de la altura de las olas. El viento se hace 
cada vez más fuerte, y la situación va empeorando. 

Un temporal de viento es peligroso. En este último fin de semana en el que estoy es- 
cribiendo este comentario, hemos tenido que enfrentar algo parecido, pero ni de lejos 
tan fuerte como el que los discípulos tuvieron que enfrentar. Fue un viento que quizá 
haya alcanzado la velocidad de 60 kilómetros por hora, o poco más que eso. Está- 
bamos en un retiro espiritual anti-carnaval, acampando cerca de 35 personas, y el 
viento iba haciéndose cada vez más fuerte. Los cobertizos de lona subían y bajaban. 
Parecía que en cualquier momento se volarían. Habíamos llevado muchas tiras de 
goma, y atamos las lonas en todas las estacas. Las lonas quedaron firmes, y aguan- 
taron. Sin embargo, más allá de las tiras de goma, creo que las oraciones fueron 
más eficaces, pues el viento fue amainando y eso aportó una buena experiencia 
acerca de cómo enfrentar a los temporales. 

Volviendo al caso de los discípulos en el mar, imagina que eres uno de ellos. Junto a 
ellos, mejor dicho, junto a nosotros, está Jesús, durmiendo profundamente. El tempo- 
ral aumenta en intensidad, y parece que la barca se daría vuelta y se hundiría. El te- 
mor aumenta rápidamente. ¡Corremos peligro de muerte! 

¿Cómo te sentirías en esa situación? Creo que adivino lo que estás pensando: ¿Por 
qué habríamos de tener miedo si Jesús está allí? Eso es lo que podríamos haber 
ido, si hubiéramos estado allí. Pero, ¿realmente actuaríamos así? ¡Quizá no! 



Debemos aprender dos cosas: En primer lugar, aún teniendo a Jesús a nuestro lado, 
eso no quiere decir que las dificultades y peligros no aparezcan. En segundo lugar, 
tampoco quiere decir que no necesitamos orar y pedirle que nos salve. 

Pero, junto a estas dos cosas que podemos aprender de esta experiencia, quiero 
hacer notar algo importante: ¡No hay necesidad de tener temor! ¿Qué deberían 
haber hecho ellos, o nosotros, si hubiéramos estado allá? En primer lugar, procurar 
navegar cuidando de que el barco no se hunda, mientras podamos hacernos cargo 
de la situación. Al empeorar el temporal, viendo que nuestras fuerzas no serían sufi- 
cientes, calmadamente, sin pánico, acercarse al Maestro y pedirle que hiciera algo. 
¡Nada más! 

Así tenemos que actuar en nuestras situaciones hoy. Por ejemplo, si estamos por 
perder nuestro empleo, o si ya lo hemos perdido, no tenemos que entrar en pánico. 



Sí tenemos que mantenernos en la fe. Calmadamente orar a Jesús. Pedir también 
que otros oren junto a nosotros. 

Notemos, Jesús estaba allí y por sí mismo podría, sin que se le hubiera pedido, 
haber resuelto el problema. Es obvio que no estaba dentro del plan de salvación la 
posibilidad de que Jesús muriera ahogado. No tampoco sus discípulos, por lo que no 
había motivos para preocuparse. Sin embargo, por su falta de fe, quedaron petrifica- 
dos de miedo y, a los gritos, clamaron: "¡Maestro, no te preocupa que perezcamos!". 

Hoy muchos claman: "¡Maestro! ¿No te importa que haya perdido mi empleo?". "¿No 
te has percatado que uno de mis seres queridos se está muriendo a causa de una 
enfermedad?" ¿Por qué ocurre eso? Porque no tenemos fe. La fe es sustituida fácil- 
mente por el temor, por la duda, por el desánimo, y otras actitudes similares que nos 
sacan de la senda de la vida eterna. Y esas cosas dan como resultado el fracaso en 
la vida espiritual. 

Otro hecho curioso es el siguiente: Una vez que Jesús calmó la tempestad, ellos te- 
mieron a Jesús, espantándose respecto de "quién era Éste", que el viento y las olas 
le obedecían. 

Notemos que lo ocurrió allí no fue una tempestad, como se dice, puesto que no caía 
agua, sino que era un temporal de viento. 

Pero hubo otro temporal de viento. Esta vez, los discípulos, a la noche siguiente a la 
de uno de los milagros de la multiplicación de los panes y los peces (que Jesús no 
hizo en una sola oportunidad), Él los envió hacia el otro lado del lago, mientras subía 
al monte a orar. Solos, intentaron atravesar el lago. Pero el viento soplaba en sentido 
contrario, de modo que no lo estaban logrando. En esta oportunidad, el viento no era 
tan fuerte como cuando Jesús se quedó dormido en la barca. Pero igualmente esta- 
ban en dificultades. 

Aún experimentando problemas, no oraron pidiendo socorro. Todavía no habían 
aprendido a buscar ayuda de lo alto. Generalmente, nosotros actuamos así. Oramos 
un poco, mientras las cosas van bien, pero en muchas oportunidades, ante una difi- 
cultad que parece ir más allá de nuestras fuerzas, desistimos de orar. Y eso sucede 
bastante seguido. 

Tampoco habían desarrollado la fe. Hacía pocas horas que habían presenciado la 
multiplicación de los panes, la primera de ellas. Y ya se habían olvidado del poder de 
su Maestro. Cuan rápido cambiamos los seres humanos, ¿no es así? ¿No somos 
débiles? ¿O aquellos discípulos fueron los únicos que experimentaron esa debilidad? 

Ellos no habían comprendido el milagro de la multiplicación de los panes porque sus 
corazones estaban endurecidos. Querían secuestrar a Jesús para hacerlo rey en Is- 
rael. No querían seguir a un Jesús pobre y humilde. Querían todo allí mismo, en ese 
instante. No les gustó que Jesús los haya descubierto y frustrado su plan de hacerlo 
rey en aquél día. Estaban con un sentimiento contrario al de Jesús. En esa situación, 
cualquier dificultad los separaría aún más del Salvador. Y ellos no lo buscaron en 
esa instancia difícil. 



Pero he aquí que, en la oscuridad, aparece un bulto que se desplaza por el mar. Eso 
tendría que ser únicamente Jesús. ¿No habían participado del milagro de los panes? 
¿No lo habían visto calmar el viento y el mar sólo unos días antes? ¿Quién más 
podría ser? 

Ellos no recordaron que podría haber sido Jesús, porque sus corazones estaban lle- 
nos de sentimientos contrarios a los de Cristo. Estaban, en rigor de verdad, decep- 
cionados con Cristo porque había frustrado uno de sus planes, que ellos creían ma- 
gistral. Ellos, a su modo, querían ayudar a Jesús (cuando, en realidad, estaban obs- 
taculizando su obra) a que se convirtiera en el rey de Israel para así derrotar a los 
romanos. 

Como les faltó la fe, pues habían estado en contra de Jesús, gritaron de terror. Si 
pudiera haberse filmado eso, habría sido para reírse. Unos hombres rudos, experi- 
mentados en el mar, gritando como niños, dentro de la barca, porque Jesús se acer- 
caba a ellos. Tuvieron miedo de Jesús. 

¿Por qué sucedió eso? Porque se habían permitido sentimientos contrarios a los de 
Cristo. ¡Se habían separado de Él! Fue algo así como una rebeldía. 

Entonces Jesús los calmó, diciéndoles que era El. Pedro, siempre rápido, viendo a 
Jesús caminando sobre las aguas, le pidió que le permitiera hacer lo mismo, para ir 
hasta donde estaba Jesús. Pedro salió de la barca, puso uno de sus pies sobre el 
agua, luego el otro, y queda parado sobre la superficie sin hundirse. Pero el viento 
era fuerte y, en vez de confiar en Jesús, vuelve a tener miedo de las olas y el viento, 
y se hunde. Antes de sumergirse completamente, grita por ayuda e inmediatamente 
es socorrido por Cristo. Jesús entra en la barca y todo se calma. Ellos quedan atóni- 
tos por lo que Jesús había hecho: caminar sobre el agua, calmar el viento, suavizar 
las olas, Pedro caminando sobre el agua.... ¡Cuántas cosas raras! 

¿Qué podemos destacar de todo esto? Con fe, todo es posible. Sin fe, el miedo se 
apodera de nosotros y nos hundimos, ya sea espiritual, como físicamente. Sin fe, 
fracasamos. Con fe, somos vencedores. Los verdaderos discípulos deben actuar con 
fe, o no serán verdaderos discípulos; o, mejor aún, ni siquiera llegarán a ser discípu- 
los. 

La levadura de los fariseos 

Los fariseos le pidieron una señal a Jesús. Esta señal era para que pudieran creer en 
Él. Y Jesús no les dio la señal solicitada. Dijo que no les sería dada otra señal que la 
del profeta Jonás. ¿Y cuál era la señal de Jonás? Elena de White responde: "Y gi- 
miendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? 'Mas señal no le 
será dada, sino la señal de Jonás profeta'. Como Jonás había estado tres días y tres 
noches en el vientre de la ballena, Cristo había de pasar el mismo tiempo 'en el co- 
razón de la tierra'. Y como la predicación de Jonás era una señal para los habitantes 
de Nínive, la predicación de Cristo era una señal para su generación. Pero, ¡qué con- 
traste en la manera de recibir la palabra! Los habitantes de la gran ciudad pagana 
temblaron al oír la amonestación de Dios. Reyes y nobles se humillaron; encumbra- 



dos y humildes juntos clamaron al Dios del cielo, y su misericordia les fue concedida. 
'Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación --había dicho 
Cristo,- y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y 
he aquí más que Jonás en este lugar' (Mateo 12:40, 41)" [El Deseado de todas las 
gentes, p. 373]. Los ninivitas escucharon a Jonás y se arrepintieron; pero los líderes 
del pueblo de Dios no creyeron ni siquiera en Jesús, ni aún resucitando al tercer día. 
No pudieron creer ni siquiera en esa señal. 

¿Por qué razón Jesús fue tan duro con los fariseos? En rigor de verdad, cualquier 
señal que Él les hubiera dado, la hubieran utilizado en contra del propio Cristo. Lo 
que querían ellos eran argumentos para matar a Jesús, e impedir que el plan de sal- 
vación resultara exitoso. Ellos no estaban allí para ver si podrían creer en Él. Si 
hubieran querido creer en Jesús, habrían recibido más de una señal, como Jesús les 
mostró a los discípulos de Juan, el Bautista, cuando le pidieron una señal. Así tam- 
bién los griegos, cuando fueron a Jesús para creer en Él, el propio Dios habló desde 
el Cielo, diciendo que ése era su Hijo amado. Pero los fariseos y saduceos querían 
otra cosa; inconscientemente querían desviar el plan de salvación. Estaban trabajan- 
do para Satanás, el enemigo de Cristo, y pensaban que estaban del lado de Dios. 

Jesús fue duro con ellos diciéndoles que diezmaban pequeñas cosas, de manera 
muy criteriosa, mientras que descuidaban completamente los preceptos más impor- 
tante de la Ley (amar a Dios y amar al prójimo), así como tampoco practicaban la 
justicia o la misericordia, ni la fe. A los discípulos, Él les dijo que tuvieran cuidado con 
la doctrina de los fariseos. ¿Y qué era lo que formaba parte de la doctrina de ellos? 
Creían que el alma era inmortal, y que el cuerpo algún día resucitaría. Creían en la 
reencarnación del alma en otros cuerpos. Creían en los espíritus, como los paganos. 
Defendían una rigurosa devolución del diezmo y que todos debían mantenerse pu- 
ros. Y aparentemente vivían así. "Los fariseos (los 'separados') constituían una fac- 
ción conformada en su gran mayoría por laicos devotos que, bajo la dirección de los 
maestros, se proponían llevar las prácticas religiosas hasta en los más mínimos de- 
talles. En el tiempo de Jesús eran unos seis mil. Buscaban constantemente, y con 
todas sus fuerzas, la manera de alcanzar el ideal que se habían propuesto: llevar 
una vida conforme a la Ley, con toda la compleja interpretación que los maestros le 
habían conferido a ésta durante siglos de trabajo". 1 El cumplir la ley minuciosamente 
era el principio y el fin de todos sus esfuerzos. Los justos, para los fariseos, eran los 
cumplidores de la Ley, y los pecadores eran aquellos que no la cumplían. Aspiraban 
a la perfección por medio del cumplimiento de la Ley. El pueblo común era despre- 
ciado por ellos porque no entendían como debía cumplirse la Ley. El pueblo común 
era despreciado por ellos porque no entendían cómo debía cumplirse la Ley. Des- 
preciaban a todo aquél que encontraban que no devolvía el diezmo. Eran arrogantes 
y aparentemente perfectos, por lo que el pueblo los admiraba y respetaba, aunque 
no les gustara de ellos. Los fariseos sentían un gran orgullo de ser los únicos cum- 
plidores de la Ley. Hacían lo posible para demostrar eso en público. Todos debían 
saber acerca de su santidad. (No eran humildes). 

Los saduceos no creían en la resurrección, ni en los ángeles. Eran aristócratas y 
muy bien relacionados con los sacerdotes del Templo. Reconocían el Pentateuco, 



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pero no a los Profetas. Eran tradicionalistas, controlaban el Templo, y se mantenían 
alineados con el poder romano. 

Las palabras de Jesús son una alerta pavorosa para nuestros días. Ya no existen los 
fariseos ni los saduceos. Pero existen, no obstante, otras líneas dentro de la iglesia. 
Hoy tenemos los grupos "liberales" y "fundamentalistas" y los "radicales". Para los li- 
berales, todo es válido. Aprueban las modas, la música y las prácticas del mundo, 
alegando que son manifestaciones "culturales". Como si Dios tuviera que inclinarse a 
aceptar las diferentes culturas. Tenemos que entender que Dios acepta el culto con- 
forme a la "verdad presente", existente en cada cultura, pero jamás aprobaría parti- 
cularidades de cada una de estas culturas en la Tierra Nueva. Si fuera así, Dios 
cambiaría conforme cada cultura y época. La cultura no justifica cultos diferentes, la 
"verdad presente" si, mientras no exista la comprensión de que necesitamos cam- 
biar. No hay en este mundo una cultura que pueda servir de referencia a las demás, 
pero sí todos debemos convertirnos a Cristo y seguir sus principios, que son los úni- 
cos vigentes para cualquier lugar del mundo. Los liberales tampoco de adjudican 
gran importancia a las reformas necesarias para estos días finales. No le dan dema- 
siada importancia a las bebidas perjudiciales o a la necesidad de una reforma en la 
alimentación, ni tampoco son demasiado cuidadosos con la observancia del sábado. 

Los fundamentalistas son aquellos que interpretan la Biblia siguiendo los fundamen- 
tos, o sea, conforme los interpretó Jesús, así como los apóstoles y los antiguos pro- 
fetas. Son equilibrados y humildes, quieren concretar las reformas propuestas por 
Dios, desde la salud, pasando por los principios de la vida cristiana, e incluso el 
sábado. Estos siguen los escritos, aceptando a Elena de White, y son cuidadosos de 
analizar lo que escriben personas de los tiempos actuales. Prefieren siempre los ori- 
ginales, aunque buscan aprender con otros escritos, ya sean de origen científico o 
religioso. Buscan obtener datos aquí y allá, pero, basados en la Biblia, verifican si 
pueden aceptarlos o no. 

Y también están los radicales. Estos son, salvando las distancias, como los fariseos. 
Lo cierto es que ellos piensan que hacen lo correcto, según sus criterios. Quien no 
piensa como ellos, está equivocado. Frecuentemente entran en colisión con otros 
puntos de vistas diferentes a los de ellos. 

Desde el punto de vista de los liberales, se confunde la línea entre los fundamentalis- 
tas y los radicales. Ellos dicen que los fundamentalistas son también radicales. Pero 
eso ya estaba previsto por Elena de White: "Aquellos que están en armonía con 
Dios, y que a través de la fe en Él reciben fuerzas para resistir lo malo y permanecer 
en defensa de lo que es correcto, siempre tendrán que enfrentar severos conflictos y 
muchas veces tendrán que permanecer casi solos. Pero preciosas victorias se lo- 
grarán mientras dependan de Dios. Su gracia será su fuerza. La sensibilidad moral 
de ellos será aguzada, y sus facultades morales serán capaces de resistir las in- 
fluencias erróneas. Su integridad, como la de Moisés, será pura" [Testimonios selec- 
tos, tomo 2, p. 31]. Los fundamentalistas son combatidos veladamente dentro de la 
iglesia; los radicales son algo despreciados, y los liberales generalmente son bien 
aceptados. Si son pastores, logran ser promocionados fácilmente; si son laicos, ge- 
neralmente son bien vistos por los líderes. Entre los liberales existe la práctica de li- 
sonja recíproca, muchas veces pública. 



El Dr. Günther Preuss expresa un pensamiento que ilustra esta lección con respecto 
a la diferencia entre los liberales y los fundamentalistas, a quienes él denomina con- 
servadores, y en relación a la música rock dentro de la iglesia. El afirma que "Por un 
lado, están los llamados 'liberales', que dicen: 'Tenemos que mantener a nuestra ju- 
ventud dentro de la iglesia'. 'Es necesario actualizarse'. 'Tenemos que utilizar nuevos 
métodos para alcanzar a las mentes seculares'. Del otro lado del debate están los 
así llamados 'conservadores', que dicen: '¿Está la juventud en condiciones de dictar 
lo que debemos hacer en la iglesia?' '¿Será que podemos transformar el mundo tra- 
yendo música mundana a la iglesia?'" [Samuele Bacchiochi, comp.; La música cris- 
tiana y el rock; un estudio sobre los principios bíblicos de la música. Capítulo 11: 
Música rock y evangelismo]. 

Los liberales constituyen la gran mayoría: los radicales probablemente son un grupo 
pequeño, y los fundamentalistas, un grupo intermedio, pero no muy expresivo en 
términos de cantidad. La tendencia es que los liberales crezcan mucho más y así 
continúen introduciendo la mundanalidad en la iglesia, hasta que Jesús concrete el 
zarandeo. La tendencia de los fundamentalistas es reaccionar con bastante equili- 
brio, y la de los radicales es la de generar cada vez mayores provocaciones sobre 
los liberales. Probablemente los liberales y los radicales integren el grupo de la ciza- 



No hay hoy una forma de organización en la que se congreguen unos y otros, feliz- 
mente. Pero las personas se identifican, aunque no siempre se declaren como tales, 
o quizá esto no les sea consciente. Jesús y los apóstoles también fueron fundamen- 
talistas, pues ellos mismos son el fundamento de la iglesia, cuya piedra angular es 
Cristo, e interpretaron los escritos de la manera en cómo lo aprendieron de su Autor. 

Cabe aclarar que esta clasificación es de mi autoría. Puede ser perfeccionada. Pero 
es importante destacar que hay personas que saben poco sobre la verdad, y a éstos, 
poco se les puede requerir, pues son recién llegados, no están demasiado instruidos 
en la verdad. A las personas que saben mucho, el Señor les requerirá también mu- 
cho; hay personas que podrían saber mucho más de lo que saben, y a éstas Dios les 
requerirá tanto como debían saber. Pera nuestro juicio, vale la "verdad presente" que 
ha sido puesta a nuestro alcance, y que tenemos para orientarnos hacia la voluntad 
de Dios, y no hacia nuestra voluntad o la de una determinada cultura. ¡Dios es Uno 
sólo para toda la humanidad! 

Hay una advertencia pavorosa de parte de Jesús: "Guardaos de la levadura de los 
fariseos"; o sea, de su doctrina. Ellos, como los saduceos, eran radicales. Hoy diríe 
mos: "Cuidado con el azúcar de los liberales". O sea, todo se puede, Jesús es amoi 
y por eso la salvación de todos está garantizada. Cada cultura es diferente. No sea- 
mos tan detallistas. Podemos permitirnos algo de maquillaje. Se puede introducir 
música mundana en la iglesia, siempre que tenga una letra cristiana. Podemos peí 
mitir las joyas. La competición, también se puede, tenemos torneos de fútbol, vóley, 
cantantes... Al final de cuentas, sin ser de la misma intensidad del mundo, nos man- 
tenemos diferentes (santos; ver Levítico 20:23-26 sobre el significado de ser santo). 
Seguimos parcialmente las doctrinas, y parcialmente los modismos del mundo... 



¿Pero acaso eso no es Laodicea? Tibieza, o sea, mezcla de lo que es caliente con lo 
que es frío; principios divinos con las prácticas del mundo. 

Pues bien, cada uno debe actuar conforme su conciencia. Sin embargo, yo y mi casa 
serviremos a Jehová. Cada uno debe escoger a quién servirá: si un poco al mundo y 
otro poco a Dios; o si lo hará únicamente a Dios. 

Lecciones del temor 

"En el amor no hay temor. Antes, el amor perfecto elimina el temor" (1 Juan 4:1 8). 
Algunos de los temores que los discípulos manifestaron fueron: 

• Cuando vieron a alguien caminando sobre las aguas (quien sólo podría ser 
Jesús). 

• Cuando Dios habló en el monte de la Transfiguración (Dios es amigo, no 
enemigo). 

• Cuando subían a Jerusalén, y Jesús les habló acerca de lo necesario de su 
muerte y resurrección después de tres días (Fue para esto que Jesús había 
venido, ¡para salvar sus vidas!). 

• Cuando Jesús calmó el temporal de viento (Fueron salvados, y luego temie- 
ron). 

• Cuando Jesús se apareció entre ellos, después de la resurrección (¡Era el 
propio Jesús!). 

Pero lo más curioso era que sintieron temor cuando Jesús les habló acerca de la ne- 
cesidad de que Él muriera por ellos, y por la humanidad, para después resucitar. Del 
miedo que tenían, no se animaron a interrogar a Jesús sobre este asunto (Marcos 
9:30-32). ¿Qué temían entonces? Varias cosas. Que sus expectativas cambiarán 
(ellos querían acabar con el dominio del Imperio Romano), que tal vez Jesús no re- 
sucitara, que se separarían de Él y quedaran huérfanos, y cosas así. 

¿Cuál fue la razón de sus temores? La falta de fe. Y la fe les faltaba, en gran parte, 
por ignorancia. Lo que no entendían, eso temían. Tenían miedo de entender ciertos 
puntos, por lo que evitaban la búsqueda de entendimiento. Temían tener que cam- 
biar de vida, o cambiar algunas cosas en sus vidas. Temían tener que sufrir en nom- 
bre de Jesús. Temían el futuro sin Cristo. Temían a los líderes judíos y el poder ro- 
mano. Temían lo incierto. 

Es decir que, como no llegaron a entender el plan de salvación, tenían temor del 
propio plan. Así evitaron ahondar su comprensión del tema. 

Quizás hoy temamos el decreto dominical, las persecuciones y las plagas. Si existe 
ese temor es porque falta fe en lo que vendrá después, la segunda venida, y lo que 
vendrá después de ella, la vida eterna. 



El discipulado y la testificación 

Tiempo atrás me sucedió algo muy parecido al relato que figura en la lección corres- 
pondiente al Jueves. Un colega profesor, ateo tal como el que menciona la lección, 
dijo que el profeta Daniel era un loco, que no escribió nada, y que por eso era impo- 
sible entender sus escritos. Ese profesor es muy inteligente y domina amplios cono- 
cimientos. El encuentra ridicula la existencia de personas que creen en Dios pues, 
conociendo la historia de la humanidad en todos sus detalles, sabe como actuaron 
los cristianos de la Edad Media. Si Dios es eso, dice él, entonces es bueno que no 
exista. 

Este hombre tiene razón. Le doy la razón en su forma de interpretar este hecho. Sin 
embargo, traté de llevar su atención hacia las profecías de la Biblia que preveían ta- 
les acontecimientos, y que la propia Palabra de Dios había anticipado la degenera- 
ción de gran parte del cristianismo hacia lo que el profesor había observado. En este 
punto quedó algo perplejo, pues estaba viendo algo que no sabía, y que lo contrade- 
cía. 

Entonces llevé su atención hasta el profeta Daniel. Mencioné las profecías, y la su- 
cesión de los imperios. Lo relacioné con Apocalipsis 17, donde aparecen nuevamen- 
te los reinos de Daniel, más la aparición de los Estados Unidos y el retorno del poder 
del Vaticano. Como él detesta lo que representa los Estados Unidos (tendrá sus ra- 
zones), valoró el saber que hay en la Biblia previsiones acerca de este país. Quedó 
impresionado sobre la precisión de la Biblia con respecto a los hechos actuales. Fi- 
nalmente, dijo: "Voy a tener que releer al profeta Daniel". 

Es interesante el hecho de que, para un ateo, la profecía de Daniel le caiga bien. 
Quedó sin explicaciones cómo hay tanta previsión y con tanta precisión y detalles. 
Sin embargo, podemos buscar otros pasajes bíblicos. Uno que está siempre a nues- 
tro alcance, son los Diez Mandamientos. Quien sabe explicar bien estos mandamien- 
tos, puede utilizarlos para atraer a los escépticos a Dios para que crean en Él. Lee 
para esto el libro "Los Diez Mandamientos", de Loron Wade. Estudia concienzuda- 
mente este libro. Puedes utilizar los argumentos de la Ley para aplicarlos en tu vida 
diaria. La Biblia, bien comprendida, es prácticamente un compendio para utilizar en 
defensa de la existencia de Dios. 

Aplicación del estudio 

¿Cuál es nuestro mayor temor hoy? ¿De qué tienes más miedo? En relación a tu 
propia vida, ¿qué es lo que más temes? Aquí hay una lista de posibles temores: 

A contraer una enfermedad incurable; 

A la muerte; 

A la pérdida del empleo; 

A tener que ver a un ser querido sufriendo (y han tantas posibilidades...) 

A perder la fe; 

A perder la vida eterna; 

A cometer el pecado contra el Espíritu Santo; 

A perderse para siempre; 



A sufrir un accidente; 

A quedar inválido; 

A perder todas las posesiones; 

A la separación matrimonial; 

A no ser amado/a por otras personas; 

A no poder lograr superar pecados s 

A no resucitar (en caso de la muerte) en la primera resurrección; 

A las plagas y al tiempo de angustia de Jacob; 

A caer en los vicios; 

A no poder lograr vencer un vicio; 

A hablaren público; 

A ser arrestado; 

A tener que sufrir torturas; 

A ser enjuiciado por causa de la fe (o de otros motivos); 

A no saber con certeza si se es salvo o no. 

¡Qué lista! ¿No? Y quedan muchísimos motivos más para agregar. De esta lista, 
¿cuál es tu mayor temor? ¿Y los que le siguen? ¿Habría algún temor mayor que 
éstos y que no está en la lista? 

Cualquiera que éstos sean, ¿sabes cuál es la causa? ¿Sabes cómo vencerlo? La 
causa principal es la falta de conocimiento en la Palabra de Dios. Para vencer un te- 
mor, necesitas tener una experiencia diaria con Dios, tal como la de Enoc. De ese 
modo, confiarás en Él, y por la fe que se irá acrecentando en ti, el temor desapare- 
cerá, sea cual fuere. Medita en esta declaración de confianza de la profetisa del Se- 
ñor. Nota la forma en cómo el temor puede ser superado para siempre: 

"Si buscamos a Dios, y nos convertimos cada día; si voluntariamente escogemos ser 
libres y felices en Dios; si con alegría en el corazón respondemos a su llamamiento y 
llevamos el yugo de Cristo, que es yugo de obediencia y de servicio, todas nuestras 
murmuraciones serán acalladas, todas las dificultades se alejarán, y quedarán re- 
sueltos todos los problemas complejos que ahora nos acongojan" [El discurso maes- 
tro de Jesucristo, p. 86]. 

Prof. Sikberto R. Marks 

Comentario da Ligao da Escola Sabatina 

© Prof. Sikberto Renaldo Marks 

(marks@unijui.tche.br) 

© Traducción: 

Rolando D. Chuquimia (rdchuquimia@ciudad.com. ar) 

RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 

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